¡Es el Señor!

pesca-milagrosa-2Precioso texto, éste del capítulo 21 del evangelio de San Juan. Precioso y sorprendente, pese a ser tan conocido que lo podemos recitar de memoria. ¡Siempre encontramos en él al Señor resucitado! ¡Qué gozosas tuvieron que ser estas experiencias para los discípulos! Es el mismo gozo que se nos promete y da a cada uno de nosotros cuando reconocemos al Señor en nuestro caminar ordinario. Tres escenas que no podemos dejar de contemplar. La primera es la de nuestra inutilidad cuando Jesús no está. Ya lo había advertido: “Sin mí no podéis hacer nada”. Y es inútil salir a pescar “de noche”, es decir, sin estar iluminados por la luz que es Jesús a nuestro lado, y sin hacerlo sola y únicamente porque hemos oído su palabra, que nos invita a echar las redes “a la derecha” de la barca. Somos tercos y nos empeñamos en saber más y mejor que él. Creemos haber aprendido y nos parece que ya no nos hace falta que esté tan cerca. Pero sólo cosechamos fracaso y nada. La segunda escena es la reunión comunitaria con Jesús. Todos los de la barca, invitados juntos a almorzar un pescado y pan que ya ha sido preparado por Jesús. Nadie se atreve a preguntar: “¿Tú quién eres?” porque en comunidad vivieron y vivimos la certeza de que “es el Señor”. Es necesario alimentar así la fe en el resucitado, en torno a la mesa que él prepara a esta comunidad creyente. Y la tercera escena, tal vez la más conmovedora, es el relato de la intimidad individual de cada uno con él: “¿Me amas?. Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.  ¡Cómo vivir a Jesús si nos perdemos el contenido de esta tercera escena! Porque entonces no será nuestro amigo, ni el Señor de nuestras vidas. En el mejor de los casos será “el Señor de los cristianos”, a los que tímidamente y de refilón pertenezco. Y para este diálogo no se precisa haber sido siempre fiel, y no haber negado nunca a Jesús. Y si no, que se lo pregunten a Pedro. Y la última palabra de este relato: “¡Sígueme!”. Así, en singular, tras la confesión del amor recíproco. Habrá que mirar hacia la orilla del lago cuando sintamos que no hemos pescado nada en la noche… ¡Quién sabe!

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