Es necesario que hoy me hospede en tu casa

zaqueo

A Jesús lo pillaron un día comiendo en la casa de un publicano. Y aquellos a quienes no gustaba nada su estilo, lo criticaron. Comer con pecadores no era precisamente la carta de presentación adecuada para quien decía hablar y actuar en nombre de Dios. Y Jesús contestó diciendo que él había venido precisamente a llamar a los pecadores. ¿Una bonita frase como excusa para salir del paso en aquel apuro? Hoy vemos que no. El evangelio de este domingo reafirma la vocación de Jesús de mirar con amor a aquellos a quienes el pecado tiene atrapados en su propio corazón. “Es necesario que hoy me hospede en tu casa…” Jesús tiene necesidad de llevar su salvación a quien encuentra perdido en el camino. No es un capricho, ni la respuesta educada a una invitación. Es una necesidad para él, en consonancia con su predicación de la misericordia de Dios, que busca y espera a quien se ha alejado de su casa. Zaqueo nunca esperó este gesto. Él sabía bien, en su modo de pensar, que la suya tendría que ser la última de las casa de Jericó en las que Jesús quisiera entrar. Y sin embargo… Necesitamos poner el acento en el protagonismo de Jesús cuando se trata de un gesto que salva al pecador. Necesitamos seguir poniendo el acento en la gratuidad del amor con el que actúa. Esto no se parece en nada a la religiosidad desfasada de quien acude al “oráculo” a ver si tiene suerte y es escuchado. Es Jesús quien me busca. Él es quien está interesado en que yo lo acoja en mi casa. No sólo interesado. Está necesitado. Él ha venido para esto y no quiere ni busca otra cosa. Pero, una vez más, es preciso que yo le abra la puerta de mi hogar. Es preciso que sea obediente al escuchar su voz: “baja enseguida”. Es preciso que me sienta contento, como Zaqueo del privilegio que su paso me ofrece. Jesús está pasado, sigue pasando y necesita cenar conmigo. ¿Qué haré? ¡No le dejaré pasar de largo!

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