No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos

20131110-no-es-dios-de-muertos-sino-de-vivosLa liturgia de la palabra de este domingo nos enfrenta con el tema de la resurrección. Acabamos de celebrar la fiesta de Todos los Santos, y también la fiesta de todos los difuntos. Hoy el evangelio nos invita a reflexionar y a plantearnos con seriedad nuestra actitud de fe ante la resurrección. ¿Creemos de verdad en la resurrección? No es fácil. No pisamos terreno de experiencia, no “hacemos pie” cuando entramos en este “mar”, en este misterio del amor de Dios por cada ser vivo. Y sin embargo, afirmamos en el credo: “creo en la resurrección de la carne”. San Pablo nos advierte de una cosa, y, si la entendemos, ello explica por sí mismo lo que significa el tema de este domingo. Dice Pablo: “Si se proclama que Cristo ha resucitado, venciendo a la muerte, ¿cómo andan diciendo algunos de vosotros que los muertos no resucitarán? Si los muertos no han de resucitar, es que tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, tanto nuestro anuncio como vuestra fe carecen de sentido” (1Co 15, 12-14). El mismo misterio que nos trae a la existencia desde el “no ser”, nos lleva a la plenitud de la misma en lo que llamamos la resurrección, que no es otra cosa, sino la transformación que Dios realiza en nosotros para que podamos acoger la plenitud de la vida, participando así de su propia vida. No se trata de entender en el sentido científico del término, pero tampoco tenemos que renunciar a la certeza que encierra el mensaje de Cristo resucitado. Cada uno con su propia imagen, cada uno desde donde es capaz, pero acoger la certeza de que la vida nos ha sido dada para mucho más de lo que ven ahora nuestros ojos. Creo en Jesús resucitado, creo que él posee ya la vida en plenitud. Creo que es el primero de muchos hermanos, por lo que creo también que nosotros, miembros de su cuerpo, le seguiremos a donde está ahora él, que es nuestra cabeza. Creo, en definitiva, en la palabra de Jesús del evangelio de este domingo. Creo que él tiene razón.

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