Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos

preparadelcaminoViene Jesús, llega la Gracia. Pero lo hace sin avasallar, sin arrollar a su paso. Porque es Gracia, y porque es gratuita, no se impone. Sólo se ofrece. Es por eso que el profeta quiere despertar el corazón del pueblo para hacerle consciente de que Dios necesita un sí libre y personal. De grandes SÍES está construida la historia, y sin ellos nada habría de verdaderamente humano y humanizador. Dios llama a la puerta de cada corazón. Y es curioso, pero el Rey del Universo se hace mendigo, el que es Acogida -porque es amor misericordioso- busca con humildad ser acogido; el que puede enriquecernos con su riqueza sólo quiere que lo deseemos y le permitamos llegar hasta nuestra pobreza; el que es salud y vida sólo espera que allí donde falta sea invitado a actuar. Así es Dios, aquél del que nos habla Jesús. Y así es Jesús mismo, el rostro visible del Dios invisible. Prepararle un camino, allanarle sus senderos sólo significa permitirle -sí, darle permiso-  para que también a cada uno de nosotros llegue su gracia y su salvación. Y esto, claro, no puede ser sólo una idea, o sólo un deseo escondido en lo más recóndito de nuestro ser. Es necesario darle un rostro, encarnarlo en gestos concretos, gestos humanos, gestos de carne y hueso que hagan entender a aquél que llega que uno lo espera y que sería inmensamente feliz si no pasara de largo. ¡Ven, Señor Jesús!

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