No siempre es domingo, pero….

Pero… la verdad es que sin el domingo la semana se convierte en algo cuanto menos tedioso. ¿Qué pasaría en nuestras vidas si sacáramos de ella la fiesta con que se nos engalana de cuando en vez? Pues que se la comería la monotonía. Y la monocromía, porque sería muy gris… Sin duda, el mismo Jesús lo sabía, y, tal vez, hasta lo había experimentado. Así que decidió que ese día iba a haber una fiesta especial. E invitó a sus tres mejores amigos. Los llevó al monte, allí donde la cercanía de Dios es más palpable, para enseñarles su traje de fiesta. Dice el evangelio que Jesús “se transfiguró delante de ellos”. Es decir, se dejó ver como el Jesús “de los domingos”, el de los días de fiesta. Y lo vieron tan hermoso, tan lleno de luz y de vida, que quedaron fascinados, atrapados por esa belleza que enamora. “¡Qué bien se está aquí… hagamos tres tiendas!” Yo no sé cuál fue exactamente la intención del evangelista al contarnos esto. Pero, ¿no estaría pensando en la necesidad que tiene cada cristiano de vivir de vez en cuando una experiencia similar? O ¿no estaría reflejando la experiencia que sí tenían en sus primeras comunidades cuando se juntaban para celebrar al Señor? Digamos lo que digamos, una vida cristiana sin momentos de Tabor uno no sabe muy bien lo que es. Sin encuentros con Jesús que nos fascinen y enamoren, sin momentos en los que poder “contemplar la belleza de nuestro Dios”, sin esos “subidones” que nos colocan allá donde tenemos el privilegio de verlo tal cual es; sin que broten de nuestros labios entonces palabras dulces, llenas de alabanza y adoración para él, sin esa sana embriaguez producida por la experiencia de la gratuidad de su amor, en fin, sin el gozo de experimentar su Espíritu actuando en nosotros y en nuestras comunidades, ¿que nos queda del cristianismo? ¿No se nos convierte, acaso, en una mera ética, en una filosofía, en un simple cumplimiento de normas y leyes? Jesús, ya sé que fuiste tú quien eligió a los tres, y ya sé también que yo no me puedo apuntar simplemente porque sí, ya sé todo eso… Pero este domingo quiero decirte que nada es ni será igual en mi vida ni en la de mis hermanos si no nos invitas hoy y de cuando en vez a esta fiesta del Tabor. Para el tono gris, ya tenemos muchos momentos. Para ver el brillo de tu rostro, que enamora y conquista, sólo tu invitación a subir contigo a la montaña. ¿Tendrás a bien, Jesús, organizarnos un día de fiesta similar a tu lado?

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