Concilio Vaticano II

EL CONCILIO VATICANO II

  • Interesante entrevista a Monseñor Fernando Sebastian, que sirve como marco general para entender el porqué del Concilio Vaticano II. Es un video que puedes ver clicando en este enlace.
  • Brevísima presentación del Concilio Vaticano II clicando en el siguiente enlace: VaticanoII

Los Concilios que han existido a lo largo de la historia de la Iglesia han tenido dos funciones fundamentales: la recta exposición e interpretación de la fe cristiana, por una parte, y la preocupación pastoral por otra. De ellas dos, especialmente significativa ha sido la primera. Y especialmente en los concilios de los primeros siglos de la Iglesia. Definir los contenidos de la fe cristiana y su recta interpretación fue un quehacer de especial calado en los cinco primeros siglos del Cristianismo. Fueron varios los Concilios, pero los más significativos fueron el de Nicea (325) y el de Calcedonia (451). Las definiciones de la fe cristiana se expresan mediante DOGMAS. Cuando se convoca un Concilio la primera preocupación es, pues, qué tipo de Concilio realizar el de corte dogmático o el pastoral. Tan acostumbrada la Iglesia a los primeros, con frecuencia se recibe con extrañeza los segundo y algunos se preguntan, incluso, para qué sirven.

Cuando Juan XXIII convocó por sorpresa el Concilio Vaticano II el 25 de Enero del año 1959 quiso dejar bien claro que se trataba de un Concilio de carácter pastoral. Muchos recibieron con recelo la convocatoria. Había quienes pensaban que la Iglesia no vivía una crisis profunda de fe como para necesitarlo. Otros, con la autoridad dada al Papa por el Concilio Vaticano I un siglo antes creían que ya no se convocarían más concilios ecuménicos.

En cuanto al tema de los Concilios, decir que la Iglesia Católica ha tenido a lo largo de su historia 21 Concilios Ecuménicos, sin contar el primero, el llamado Concilio de Jerusalén, que pertenece a la época apostólica. Pincha aquí para verlos  Disponemos también de una presentación en Power Point.

En lo que se refiere al Concilio Vaticano II, fue convocado, como hemos dicho, el 25 de Enero de 1959 por el Papa Juan XXIII siguiendo, como él dijo en varias ocasiones, una súbita inspiración divina.

Tras los preparativos pertinentes el Vaticano II comenzó el 11 de Octubre de 1962 presidido por el mismo Papa Juan XXIII, Papa que falleció  el 3 de Junio de 1963. Fue elegido como sucesor uno de los Cardenales más importantes del Concilio: El Cardenal Montini, que tomó el nombre de Pablo VI y que fue el Papa del Concilio en el sentido de que en su pontificado se realizó la mayor parte del mismo, se concluyó y se sucedieron los primeros años de su aplicación.

Si su comienzo, como queda dicho, tuvo lugar el 11 de Octubre de 1962, su conclusión se celebró el 8 de diciembre de 1965. Algo más, por lo tanto, de 3 años. Pero no se trató, evidentemente, de una sesión ininterrumpida. El Concilio se celebró en CUATRO SESIONES, todas ellas durante los otoños correspondientes a los años 1962, 1963, 1964 y 1965.

Los datos de este Concilio son los siguientes: Europa Occidental representó el 33 por ciento; EEUU y Canadá el 13 por ciento; Latinoamérica el 22 por ciento; Asia el 10 por ciento; África negra el 10 por ciento; el mundo árabe el 3,5 por ciento y Oceanía el 2,5 por ciento. Los padres conciliares reunidos el 11 de octubre de 1962 en la Basílica de San Pedro, acondicionada para tal fin, fueron 2540. Además hubo un significativo número de observadores-delegados no católicos que acompañaron en este evento a Juan XXIII. En el concilio hubo también teólogos y seglares que trabajaron como asesores y consultores de los obispos. Los mejores teólogos del momento fueron protagonistas en este Concilio. Entre ellos el actual Papa, con el nombre de Josph Ratzinger.

El resultado del trabajo del Concilio Vaticano II se recogió en 16 documentos, sin que, curiosamente, hubiera ni una sola declaración dogmática. Los 16 documentos son los siguientes:

I.- LAS CUATRO GRANDES CONSTITUCIONES

  1. Constitución Dogmática sobre la Iglesia, LUMEN GENTIUM, el 21 de octubre de 1964.
  2. Constitución Dogmática sobre la divina revelación, DEI VERBUM, el 18 de octubre de 1965.
  3. La Constitución sobre la sagrada liturgia, SACROSANTUM CONCILIUM, el 5 del 12 de 1963.
  4. Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, GAUDIUM ET SPES el 7 de diciembre de 1965.

II.- LOS DECRETOS

  1. Ad gentes divinitus (Sobre la actividad misionera de la Iglesia) (7/12/65)
  2. Apostolicam actuositatem (Sobre el apostolado de los laicos) (18/11/65)
  3. Christus Dominus (Sobre el ministerio pastoral de los obispos) (20/10/65)
  4. Inter mirifica (Sobre los medios de comunicación social) (5/11/63)
  5. Optatam totius (Sobre la formación sacerdotal) (28/10/65)
  6. Orientalium Ecclesiarum (Sobre las Iglesias Católicas Orientales) (21/11/1964)
  7. Perfectae caritatis (Sobre la renovación de la vida religiosa) (28/10/65)
  8. Presbyterorum Ordinis (Sobre el ministerio y vida de los presbíteros) (7/12/65)
  9. Unitatis redintegratio (Sobre el ecumenismo) (21/11/64)

II.- LAS DECLARACIONES

  1. Dignitatis humanae (Acerca de la libertad religiosa) (7/12/65)
  2. Gravissimum educationis (Acerca de la educación cristiana de la juventud) (28/10/65)
  3. Nostra aetate (Acerca de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas) (28/10/65)

Enlaces a los Documentos del Concilio:

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Documentos_del_Concilio_Vaticano_II#Decretos_conciliares

LA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA LUMEN GENTIUM

La constitución dogmática Lumen Gentium (Luz de las naciones), es una de las cuatro grandes constituciones del Concilio Vaticano II. Es la constitución dogmática sobre la Iglesia. Trata sobre la Iglesia en sí misma, explica sus relaciones con las diferentes religiones, habla sobre la jerarquíaa y los distintos cargos de la iglesia, sobre los laicos y sobre los religiosos. Fue promulgada por el Papa Pablo VI el 21 de noviembre de 1964. Lumen Gentium supone la expresión solemne del magisterio de la Iglesia representada por el Concilio.

En el Concilio Vaticano II, por decisión del proppio Juan XXIII, hubo teólogos que actuaron como asesores de los obispos. En la Lumen Gentium se dejan entrever los dos distintos modelos eclesiológicos debatidos dentro del Concilio. De una parte se ve marcada una eclesiología conservadora, con un modelo jurídico-institucional y que pone su acento en la jerarquía. Por la otra aparece una segunda eclesiología caracterizada por un sentido de Iglesia de comunión, acentuando el aspecto pastoral y ecuménico. Son dos modelos claramente visibles en la redacción del documento.

El enfoque que toma el concilio es eminentemente de diálogo con el mundo, y su principal preocupación es la de ponerse al día con éste. Se asume que la Iglesia necesita una renovación y restauración interna que vaya al paso de un mundo cambiante (“aggiornamento”)

La Iglesia se define esencialmente como Pueblo de Dios, alejándose de una concepción jerárquica y piramidal que comprendía al modelo anterior y de la que formaba parte únicamente al clero. El Vaticano II vuelve a dar importancia a la comunidad como pueblo de Dios, identificándolo como un elemento que caracteriza a la Iglesia. En la Lumen Gentium se dice que la Iglesia es el pueblo de Dios y todos los cristianos forman parte de él, que está inmersa en el mundo y en la historia, buscando el bien común de toda la humanidad.

La Lumen Gentium se compone de 8 capítulos:

  1. EL MISTERIO DE LA IGLESIA
  2. EL PUEBLO DE DIOS
  3. CONSTITUCIÓN JERÁRQUICA DE LA IGLESIA PARTICULARMENTE EL EPISCOPADO
  4. LOS LAICOS
  5. UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD EN LA IGLESIA
  6. DE LOS RELIGIOSOS
  7. ÍNDOLE ESCATOLÓGICA DE LA IGLESIA PEREGRINANTE Y SU UNIÓN CON LA IGLESIA CELESTIAL
  8.  LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS, EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA

Un artículo interesante sobre la Lumen Gentium: LA ”LUMEN GENTIUM” PUSO AL PUEBLO ANTES DE LA JERARQUÍA E ILUMINÓ TODO EL CONCILIO

LA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA GAUDIUM ET SPES

La Gaudium et Spes es el documento más extenso del Concilio Vaticano II y también el último en ser aprobado, justamente en la víspera de la clausura del Concilio, el 7 de diciembre de 1965. Se trata de la onstitución más característica, la que mejor expresa su espíritu genuino: la “Gaudium et Spes”, por la cual la Iglesia se solidariza con las alegrías y esperanzas (de ahí el título) y también con los dolores y las preocupaciones del hombre moderno. Es la constitución más pastoral del Concilio. No busca, por lo tanto, corregir ninguna doctrina desviada sino más bien una manera de presentarse en el mundo actual y de explicar sus relaciones con él. Que no se aprobara hasta el final mismo del Concilio da idea de que no fue fácil elaborar un texto que expresara de modo adecuado, como al fin se consiguió, la relación entre la Iglesia y el mundo.

Significó un cambio profundo en la visión que la Iglesia proyecta sobre sí misma. Eso lo consiguió especialmente cuando introdujo su definición como “pueblo de Dios”. Pasamos de una iglesia centrada en sí misma a una iglesia que abre sus ventanas para mirar al mundo y presentarse públicamente ante él.

La mejor aportación de la Gaudium et Spes fue contribuir a esclarecer el porqué de la vida del hombre y su destino. Cada persona tiene una radical dignidad, cualquiera que sea su pensamiento y su religión, como creado por Dios a su imagen y semejanza y llamado a ser salvado por Jesucristo.

Con la doctrina de siempre se encontró una expresión más feliz y adecuada al Evangelio: el mundo ya no puede ser considerado sinónimo de pecado, como hacían algunos escritores antiguos, sino como patria común del género humano. Y la Iglesia no rechaza, sino que bendice el progreso humano, técnico y científico, siempre que esté al servicio verdadero de la humanidad.

Y para evitar cualquier malentendido, aclara: “La Iglesia no tiene ninguna ambición terrenal, sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, a salvar y no a condenar, a servir y no a ser servido”.

Gaudium et Spes es el documento más importante en la tradición social de la Iglesia. Señala el  deber que tiene el pueblo de Dios de observar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, para darse cuenta de la perdida de valores, de los cambios que caracterizan al mundo actual. Las ideas centrales sobre las cuales gira este documento son: la misión de la iglesia acerca de la persona humana; de la familia y su actividad en el mundo, procurando atender lo más urgente, familia, economía, política, cultura y solidaridad internacional. Revisa y actualiza la anterior enseñanza económica y social: trabajo, participación en la empresa, destino universal de los bienes, las políticas monetarias, la propiedad privada, la vida pública, la paz y la guerra. Varios aspectos como es de suponer, son los asuntos morales aparecidos en estos tiempos modernos. Reconoce que, a pesar de los medios modernos, se agravan las grandes desigualdades y falla el diálogo genuino y fraternal entre países y personas.

Este es el esquema de la Gaudium et Spes

  1. La Iglesia y la vocación del hombre
    1. La dignidad de la persona humana
    2. La comunidad humana
    3. La actividad humana en el mundo
    4. La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo
  2. Agunos problemas más urgentes
    1. Dignidad del matrimonio y la familia
    2. El sano fomento del progreso cultural
    3. La vida económico-social
    4. La vida en la comunidad política
    5. El fomento de la paz y la promoción de la comunidad de los pueblos.

Para saber más

Constitución Dogmática Dei Verbum

Presentación Video de Monseñor Fernando Sebastian

La Constitución Dei Verbum trata sobre la Revelación y los conceptos íntimamente ligados con ella, como son los conceptos de tradición e inspiración.

La “Dei Verbum” no se refiere sólo a la Palabra de Dios escrita, es decir a la Biblia, sino que alcanza a toda la divina Revelación. Precisamente ése es su título: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación.

El tema fundamental de esta Constitución es el de la Revelación y su transmisión. La Sagrada Escritura tiene un lugar fundamental, pero no exclusivo. Después de tratar en su primer capítulo la Revelación en sí misma, en el segundo abordará el tema de su transmisión a través de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición. Será a partir del tercer capítulo, hasta el sexto, que tratará específicamente de la Sagrada Escritura, siempre enmarcada dentro del tema de la Revelación de Dios.

Quizá uno de los problemas que se han venido dando en relación a la Escritura, en especial desde el siglo XVI, ha sido la actitud de aproximarse a ella de manera aislada y de ignorar o no tomar en debida cuenta su esencial relación con la Tradición y con el Magisterio. Por ello se hace una invitación a un estudio profundo de la Escritura: “quien no conoce la Escritura no conoce a Cristo”, pero siempre exhortando a conocerla y estudiarla en el marco de la Revelación, en unidad con la Tradición, en dócil apertura al Espíritu, inspirador de la Sagrada Escritura, y destacando la necesidad de atender al Magisterio de la Iglesia. La Dei Verbum es un gran intento de unidad y de síntesis en la aproximación a los fundamentos de nuestra fe. Unidad del Revelador y de lo Revelado: Jesucristo, “autor y consumador de nuestra fe”; unidad en Él de los dos Testamentos, que a Él rinden testimonio; unidad de la Escritura y de la Tradición, que no pueden jamás separarse; unidad del Verbo de Dios bajo las dos formas con las cuales Él se hace presente entre nosotros: la Escritura y la Eucaristía».

La Revelación es presentada como la misma vida de Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo para invitarnos a vivir la comunión. El acento no está puesto en la revelación de “algo”, sino de Alguien que se auto-manifiesta para entrar en comunión. Él mismo, a través de su revelación, establece una relación personal con los hombres: movido por amor, habla a los seres humanos como amigos para invitarlos y recibirlos en su compañía.

Jesucristo es el «mediador y plenitud de toda la Revelación». No es sólo portador de un mensaje, como lo puede ser un profeta, pues Él mismo es el mensaje. Más aún, quien lo ve a Él, ve al Padre. Él es, además, la plenitud de esta Revelación. Ya no hay «que esperar otra Revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo».

Además, en la Dei Verbum hay una clara preocupación por destacar el aspecto salvífico de la Revelación. Dios se revela para salvar al hombre, para hacerlo participar de su amistad y compañía. Ése es el sentido de la Revelación.

La historia no es considerada como una simple serie y sucesión de acontecimientos sino como una economía de la salvación.

Por otra parte, señala que la Tradición y la Escritura forman el único “depósito de la Revelación”. La Constitución enseña que la Iglesia no saca únicamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todo lo revelado.

El Magisterio «no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido». Sólo él tiene «el oficio de interpretar autorizadamente la palabra de Dios, oral o escrita». Finalmente afirmará que «la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia… están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros».

La Dei Verbum afirma tajantemente: «La Revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo»: Dios y el hombre son “autores” de la Escritura, pero no lo son de la misma manera. Dios obrando en los autores humanos y a través de ellos garantiza que pongan por escrito «todo y sólo lo que Dios quería». Lo que no habla de la ausencia de error sobre la totalidad de lo afirmado literalmente por los autores bíblicos, sino de la “verdad bíblica” relacionada con su finalidad salvífica. Se trata de aquella verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra.

Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras. Al leer e interpretar un texto de la Sagrada Escritura es indispensable que siempre se le considere en relación a la unidad de la Escritura entera, en la Tradición y en la cohesión de las verdades de la fe, y en atención al Magisterio.

La Constitución resalta la excelencia de todo el Nuevo Testamento, especialmente la de los Evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Eterno hecho hombre. Expresa que los Evangelios narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó. Es absolutamente inaceptable pretender que Jesús de Nazaret es una persona distinta de la que confesamos en el Credo y anunciamos en la Iglesia, desde los orígenes.

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