Jean Barbara

Jean Barbara,
presidente Internacional , La Espada del Espíritu

El año 1975 era un dramático uno para mí en dos maneras. Era el año en qué la guerra civil en Líbano empezó—una guerra que duro dieciséis años, destruyendo las vidas y esperanzas de centenares de miles. Era también el año en qué, llegue a los diecisiete, totalmente perdí mi fe y, a pesar de mi crianza en una familia católica tradicional y escuela Jesuita, gradualmente me convertí en un escéptico y entonces ateo militante.

Casi seis años más tarde, cuando completaba mis estudios de licenciado en la Universidad americana de Beirut, un amigo mío me evangelizo y me invito a (entonces-única) la oración Carismática que se reúnen en Beirut, un público evangelista quincenal, conociendo que había empezado en 1969 y no cesó a pesar de batallas militares feroces en su proximidad y riesgos muy reales en mantenerlo. En aquella reunión, me anonadé por la presencia de Cristo y por su voz que me llama para dejar todo detrás y seguirle. Así que dije “Sí”. Fue una experiencia de conversión instantánea, y fuera de él tres cosas separadas fluyeron.

Primero, tuve un inequívoco sentido de seguir a Cristo radicalmente y ser su discípulo. Inicialmente, tomé esto para significar que tendría que ser el sacerdote en celibato que vive una vida de pobreza. Aun así, el Señor tuvo otros planes: a través de las voces de hermanos y hermanas y, en particular, mi propios (Carismáticos) Obispos, estuve dirigido para casarme y devenir una profesión. Ahora, muchos años más tarde, casado con cuatro niños y dos nietos, continúo servir el Señor (con todos los miembros de mi familia) como su discípulo radical.

Una vez que la primera reunión Carismática termino, salí y empecé a saludar los hermanos y hermanas que estaban presentes como si fuéramos viejos miembros familiares. Así vino sobre mí el segundo descubrimiento, o mejor dicho mí segundo llamando: el llamado a la comunión y vida comunitaria con la familia de Cristo. La vida dentro de esto era maravillosa, especialmente su ecuménico aspecto. Qué correcto el salmista cuándo dice: “Mirad, que bueno y agradable es cuándo los hermanos moran en unidad! […] Para allí el Señor ha mandado la bendición, vida eterna”. (Ps. 133: 1, 3) La tercera dimensión de mi conversión era la llamada a la misión. Mi primera reacción era para querer ir en misión a una tierra sin evangelizar para el resto de mi vida (cuál esperé sería corto y coronado con martirio). Pero el Señor otra vez me sorprendí por claramente llamarme atrás a mi propio país para ser un misionero allí. Con el tiempo, entendí el significado lleno de su llamada local, especialmente con la exhortación de Juan Pablo II para una nueva evangelización. Hasta hoy día, soy todavía un misionero en Líbano, a pesar de que el Señor también abrió puertas de evangelización en el Medio Oriente y, estos días, estoy a menudo en la carretera allí y en muchos otros países alrededor del mundo también. Mientras reflexiono mi vida desde entonces 1980 y los cincuenta años de Renovación Carismática, puedo entender que las tres expresiones de mi llamado, discípulo radical, comunidad ecuménica y la misión es el fruto de la “corriente de gracia” hablada de por Pablo VI. Y si necesito más confirmación, Esta la exhortación del Papa Francisco “Evangelii Gaudum”, en qué habla de la Iglesia como comunidad de los discípulos misioneros llamados a para vivir y servir por el poder del Espíritu Santo en unidad con otro Cristianos en un verdadero espíritu ecuménico: “La Iglesia qué “va adelante” es una comunidad de discípulos misioneros quiénes toman el primer paso, quiénes están implicados y soportan, quiénes dan fruto y se alegran… El Espíritu Santo también enriquece a la entera Iglesia evangelizadora con diferentes carismas. Estos regalos están significados para renovar y construir la Iglesia. No son una herencia, asegurada y confiada a un grupo pequeño para custodiarlos; bastante son los regalos del Espíritu integrado al cuerpo de la Iglesia, dibujados al centro que es Cristo y entonces canalizado a un impulso evangelizador … Compromiso al ecumenismo responde a la oración del Señor Jesus que “ Que todos sean uno” (Jn 17:21). La credibilidad del mensaje cristiano sería mucho más grande si los cristianos pudieran vencer sus divisiones y la Iglesia se podrían dar cuenta “la plenitud de la catolicidad propia en ella y su niños que, aun así unidos a ella por bautismo, es todavía separado de comunión con ella”.

Creo que este Jubileo de Oro es una ocasión para leer otra vez la historia d Dios con la Renovación Carismática Católica y, en la luz de todos los mensajes del Papa Francisco a la Renovación y su decisión para hacer de este 50.º aniversario, un acontecimiento para la Iglesia entera. Es una ocasión para reafirmar nuestro compromiso y plenitud a este llamado de Dios para ser carismático, comunidades ecuménicas de discípulos en misión, donde sea que lo vivamos, fuera, en comunidad, grupos de oración o escuelas de evangelización.